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October 28, 2021

Volvimos a las oficinas pero la fatiga de Zoom persiste

Está claro, a esta altura, que, aunque en muchos casos se haya vuelto a las oficinas con cierta regularidad, el trabajo remoto se instaló como práctica en el mundo laboral de los argentinos y el mundo. Lo que antes era algo usual en algunos sectores –especialmente los relacionados a los campos digitales y de IT–, ahora pasó a ser universal: hasta las reuniones docentes en las escuelas se hacen por videoconferencia. Aún cuando la pandemia deje de existir, el trabajo remoto persistirá y se habrá consolidado definitivamente como un modo de trabajo estándar.

Pero en la persistencia del trabajo remoto, no nos quedan solamente sus efectos positivos como la flexibilidad, la agilidad, etcétera. También nos quedan sus efectos negativos, y es ahí donde queremos enfocarnos para pensar en formas de paliarlos y no dejar que nos frustren. 

La fatiga de Zoom

La fatiga de Zoom –que aplica también para las otras plataformas, claramente, como Meet, Webex, etc– es uno de esos efectos negativos en los que es importante detenerse. Muchos estudios a lo largo del año pasado y este fueron brindando resultados y conclusiones certeras al respecto: las videollamadas nos fuerzan a concentrarnos más intensamente en las conversaciones, en lo que se dice verbalmente, para absorber información. Pensémoslo de esta manera: cuando estamos en una reunión presencial, podemos confiar en los intercambios laterales susurrados para ponernos en tema ante cualquier distracción o responder preguntas rápidas y aclaratorias. Sin embargo, durante una videollamada, es imposible hacer esto a menos que use la función de chat privado o se intente encontrar un momento para dejar de silenciar y pedirle a un colega que lo repita, lo cual genera, lógicamente, cansancio.

En una videollamada, la única forma de demostrar que estamos prestando atención es mirar a la cámara. Pero, en la vida real, ¿con qué frecuencia estás parado a un metro de un colega, mirándolo a los ojos? Probablemente nunca. En las videollamadas, el tener que mantener una "mirada constante" nos hace sentir incómodos y cansados. Al mismo tiempo, está la cuestión de mirarse a uno mismo que, obviamente, no nos sucede en ningún tipo de encuentro presencial. Esa conciencia constante de cómo uno se ve puede provocar ansiedad.

Todo esto, lamentablemente, nos suena muy conocido. Y cada vez le suena conocido a más y más personas. Sin embargo, hay algunas técnicas muy sencillas que podemos utilizar que nos van a ayudar a que la fatiga de las videollamadas no nos afecte tanto. 

Algunos consejos de un experto

El CEO de ConnectSafely –una organización sin fines de lucro con base en California que aboga por el buen uso de Internet y las tecnologías digitales–, Larry Magid, es muy claro en el relato que dio al portal Mercury News al respecto:

A veces apago la cámara por completo. Casi siempre estoy en cámara cuando comienza la reunión para poder saludar, pero hay ocasiones en las que apago la cámara para no tener que estar constantemente a la vista de otras personas. Eso también me permite levantarme y estirarme o mirar mi teléfono u otra ventana de mi PC sin que se vea que no estoy prestando atención, una ocurrencia común basada en lo que veo que otros hacen. Como mucha gente, presto atención a cómo me veo de cintura para arriba, pero no necesitan ver mis joggings si me levanto durante la reunión.


Aunque suene incorrecto, lo que dice Magid es cierto: no podemos estar prestando atención todo el tiempo en una reunión. Menos aún si es una reunión de una hora o más. Y lo que llama la atención, además, es que eso tampoco sucede en una reunión presencial: ¿por qué, entonces, nos ponemos la presión irritante y abrumadora de tener que estar todo el tiempo con la cámara prendida?

Un estudio reciente del Harvard Business Review y la consultora BroadPath investigó específicamente el impacto del uso de la cámara en la fatiga de Zoom. Los resultados fueron publicados recientemente en el Journal of Applied Psychology de APA (American Psychological Association) y fueron certeros: el uso de la cámara se correlacionó directa y positivamente con la sensación diaria de fatiga. Por otro lado, la cantidad de horas que los empleados dedicaron a reuniones virtuales no lo fueron. Esto es un primer indicio evidente y empírico de que mantener la cámara encendida constantemente durante las reuniones es el núcleo del problema de la fatiga.

¿Entonces por qué hacerlo?

Cada vez queda más claro que no hay motivos lógicos para forzar a las personas a mantener la cámara prendida durante la totalidad del tiempo que dura una videollamada. Es importante que la fluidez que existe en los encuentros cara a cara pueda llevarse del mejor modo posible a las videollamadas. Sin dudas, una forma de hacerlo es permitiendo que las personas puedan apagar la cámara de a ratos y que no haya una cultura anti-apagado de cámara (sabemos que esto parece absurdo pero en verdad existe). 

El trabajo remoto, como dijimos, y como sabemos ya muy bien todos, persistirá. Todos sus beneficios y efectos positivos lo harán también. Trabajemos todos en conjunto para que los negativos no inclinen la balanza hacia ese lado.

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