May 20, 2021

¿Qué implica realmente liberar las patentes de las vacunas contra el Covid?

En las últimas semanas, el debate por la liberación de las patentes de las vacunas contra el COVID-19 ocupó buena parte de la conversación pública, en enorme medida, gracias al giro en U que dio Estados Unidos al respecto. La representante comercial del gobierno de Joe Biden, Katherine Tai, sostuvo que “tiempos excepcionales requieren medidas excepcionales” e instó a la OMC (Organización Mundial del Comercio) a resolver la liberación de las patentes de las vacunas. En este artículo nos detendremos en analizar qué implicaría esto exactamente y, a partir de ello, plantear preguntas sobre si realmente solucionaría el problema de fondo.

El problema

La Organización Mundial de la Salud estima que el 80% de las más de 1100 millones de vacunas que fueron administradas en el mundo, fueron dadas en los países de ingresos más altos. En países de ingresos bajos, apenas el 0,3%. Con estos datos, es evidente que el problema está precisamente acá: en la distribución y el acceso a las vacunas. Y este es un problema en muchos sentidos, desde el más humanitario hasta el más utilitarista. Como muchas cosas que se han dicho en la pandemia, lo siguiente suena a cliché pero no por eso deja de ser cierto: un problema global como este requiere de acciones y soluciones globales.

La propuesta de la liberación de las patentes contra el COVID-19 como solución a este problema se remonta a ya más de seis meses atrás, con India y Sudáfrica a la cabeza. Tanto Estados Unidos como la mayoría de los países de la Unión Europea se opusieron enfáticamente a ello. Por eso la nueva postura de Estados Unidos implicó un giro de 180º en esta política, avivando la polémica en torno a esta posible solución.

El mismo Tedros Adhanom Ghebreyesus, el titular de la OMS, celebró el cambio de postura norteamericano sosteniendo, en un tuit, que tal decisión es un “fuerte ejemplo del liderazgo estadounidense en materia de desafíos globales de salud”. De este modo, la OMS se posiciona a favor de la liberación de las patentes de las vacunas como solución al problema del acceso y la distribución. Pero, como es de esperarse, la industria farmacéutica –y algunas otras potencias económicas, como Alemania– no opinan del mismo modo.

Voces a favor de la liberación de las patentes

El principal argumento que sostienen quienes defienden la liberación de las patentes de las vacunas contra el COVID-19 tiene que ver con la producción. La premisa es que, liberadas las patentes, la producción y distribución de vacunas se aceleraría, generando más vacunas en menos tiempo y pudiendo llegar, así, a una mayor población más rápido. Y la premisa detrás de la premisa, por decirlo de alguna manera, suena lógica: como las patentes generan que solo un puñado de laboratorios puedan producir las vacunas, la demanda mundial de las mismas está muy lejos de ser satisfecha.

En otras palabras: si faltan vacunas para satisfacer la enorme y creciente demanda, entonces ampliar la capacidad de oferta debería solucionar el problema.

También hay argumentos que tienen que ver con las responsabilidades civiles –e incluso la bioética– de los laboratorios. La investigación y el desarrollo de estas vacunas no fue hecho enteramente con fondos privados; casi al contrario, la inversión pública en la mayoría de los casos fue fundamental. En ese sentido, quienes defienden la liberación de las patentes esgrimen también como argumento la responsabilidad de los laboratorios de devolver y/o participar a los Estados en la propiedad intelectual de las vacunas. 

Por último, hay argumentos jurídicos que pesan sobre la inclinación hacia la liberación de las patentes. En el artículo 31 del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC o TRIPs por sus siglas en inglés) se establecen las situaciones en las que una patente podría ser utilizada sin autorización del titular de los derechos, y el alcance del artículo fue, incluso, delimitado más tarde en la Declaración de Doha. 

Voces en contra de la liberación de las patentes

Así como el principal argumento a favor de la liberación de las patentes se sintetiza en la idea “patentes liberadas → más oferta de vacunas”, el argumento en contra plantea: “patentes liberadas → más desorganización”. 

La idea fundamental del argumento en contra tiene que ver con que la liberación de las patentes no trae automáticamente mayor producción. Una vez liberadas las patentes, los laboratorios deberían capacitar y transmitir la información sobre el desarrollo de las vacunas; y además, los laboratorios capacitados en la producción de las vacunas requerirían de financiación, ya sea pública, privada o mixta. En otras palabras: el hipotético aumento en la producción no sería instantáneo sino que, al contrario, implicaría un proceso verdaderamente largo. 

Esto sería así porque lejos están todas las farmacéuticas y laboratorios de contar con la tecnología y el know how necesario para producir estas vacunas. Para empezar, el desarrollo de una vacuna es más complejo que el de cualquier tipo de fármaco. Y en segundo lugar, hasta la más “sencilla” de las vacunas –que utiliza un adenovirus como mecanismo de acción– implica un conocimiento que no todos los laboratorios poseen. En ese sentido, habría que desarrollar, asimismo, mecanismos de auditoría para los laboratorios que comenzaran a desarrollar las vacunas. 

La capacitación y la cooperación, entonces, sería absolutamente necesaria en un proceso de liberación de patentes. Y es ahí donde se cuela el segundo argumento que esgrimen las farmacéuticas. Dicen: si ya existen acuerdos de desarrollo y cooperación entre laboratorios, ¿por qué no profundizar en esa vía? La Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas (IFPMA) declaró que son otras, y no las patentes, las limitaciones en la producción, distribución y acceso a las vacunas: las barreras comerciales y los cuellos de botella en los suministros de materias primas e ingredientes. En ese sentido, sostienen que es resolviendo tales problemáticas que la producción se aceleraría y no liberando las patentes, dado el largo proceso de capacitación e implementación que implicaría.

Ideas finales

Está claro que la cuestión de los derechos de propiedad intelectual en las patentes contra el COVID-19 es realmente compleja. Los argumentos presentados a ambos lados de esta grieta son igualmente válidos; de hecho, analizamos aquellos más puntuales y específicos del quehacer de la industria farmacéutica (evitando las generalidades –también válidas, por supuesto– como, de un lado, la necesidad de una cooperación casi altruista para solucionar este problema global y, del otro lado, los perjuicios económicos que podría generarles a las farmacéuticas la falta de incentivos para la inversión) ya que es en los detalles de tal actividad económica donde se encuentran las verdaderas implicancias de una decisión de esta magnitud. 

Habrá que ver qué y cómo resuelve la OMC esta cuestión. Lo que esperamos, como siempre, es que la decisión que se tome sea con información clara y objetiva, entendiendo las implicancias, los riesgos y los beneficios de cada opción en términos económicos y sanitarios concretos. En otras palabras: que la política no tiña –o tiña lo menos posible, para ser realistas– tal decisión; que los procesos de implementación que se tomen, sea cual sea la decisión, estén definidos exhaustivamente y auditados profundamente, con sus debidos controles. En la vacunación masiva está el final de esta pandemia; ojalá quienes tienen la enorme responsabilidad de gestionarla lo hagan con los mejores criterios económicos, humanos y solidarios.

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