June 17, 2021

Hay fuertes oportunidades de crecimiento hoy en Latinoamérica

No vamos a empezar diciendo que el término “crisis” en japonés se entiende como “oportunidad” pero, necesariamente, algo de esa idea va a estar presente en este artículo. La novedad está en el cómo: ¿de qué maneras se están empezando a generar oportunidades de crecimiento a lo largo de todo Latinoamérica ahora que –muy de a poco– la vacunación sube, la curva baja y la pandemia comienza su recta final?

Lo que decían los informes económicos

Es importante destacar que antes de que la crisis del COVID arrasara en la región, los análisis macroeconómicos y las predicciones de crecimiento eran bastante auspiciantes. Un informe del BBVA de comienzos de 2020 pronosticaba un crecimiento de 1,4% para ese año y del 2,1% para el 2021: la pandemia no existía y no cabía posibilidad de preverla. En ese sentido, lo que resulta importante de aquellos pronósticos, hoy, es entender qué fenómenos estaban indicando tal crecimiento.

Había dos grandes indicadores del crecimiento: el crecimiento y fortalecimiento tanto de la demanda interna como de la inversión. Lógicamente, lo que vino después alteró las cosas: la pandemia no contribuyó a seguir fortaleciendo la inversión ni la demanda interna. Sin embargo el presente actual, que nos ofrece un contexto de recuperación económica, reflota el optimismo.

Transformaciones culturales

Pero más allá de los indicadores estrictamente económicos, surgen oportunidades en Latinoamérica que tienen que ver más con transformaciones culturales –aceleradas, o no, por la pandemia– que despiertan entusiasmo en los mercados, especialmente en aquellos ligados o relacionados con la innovación.

Latinoamérica no es una región digitalizada como lo es Europa, Norteamérica o los tigres asiáticos, sin embargo está en un camino de modernización y digitalización sostenido desde hace algunos años. Y, sin dudas, la pandemia fomentó una aceleración en esta transformación digital tanto de hábitos de consumo como de herramientas de producción, formas de relacionarse con el Estado, etc. Un indicador claro es el crecimiento del e-commerce: el crecimiento en el uso del comercio electrónico fue del 79% en Argentina, 35% en Brasil y 27% en México. También lo es el índice de adopción de plataformas fintech, elaborado por EY: Brasil se convirtió en el cuarto país a nivel mundial en uso de plataformas digitales para las finanzas personales, con el 57% de los brasileros prefiriéndolas por sobre el uso tradicional de los bancos.

La digitalización de distintas prácticas de la vida cotidiana despierta en los individuos una demanda hasta entonces dormida: la sencillez, la simplificación, la agilidad. En ciudades y culturas complejas como las latinoamericanas, la demanda de agilidad y sencillez es una oportunidad enorme para startups, emprendedores, pymes e incluso empresas grandes que operan en rubros donde hay mucho por hacer en tales términos. La vida urbana promueve, asimismo, esta necesidad de digitalización y simplificación y Latinoamérica es la región del mundo donde más crecen las ciudades. En menos de un siglo, la población urbana habrá pasado del 30% a más del 90% en 2050, de acuerdo al World Economic Forum.

La llegada de la generación Z

En ese sentido, la gradual y masiva entrada de nativos digitales en el mercado laboral es un fenómeno más que auspiciante en una región que vive un ardiente proceso de digitalización. Los últimos millennials y la generación Z que comienza a abrirse paso en el mercado laboral posee una ventaja comparativa verdaderamente superior a las generaciones adultas: tienen incorporados los hábitos que hoy, todavía, muchísimas organizaciones consideran como “del futuro”. Y no son pocos: con las altas tasas de natalidad de la región –la edad mediana en Latinoamérica es de 31 años–, los jóvenes que ingresan en el mercado laboral son unos cuantos millones más que en Europa y Norteamérica.

Y esa ventaja comparativa se traduce, al mismo tiempo, en el entusiasmo de las nuevas generaciones. Un informe de Gallup muestra que aún en el contexto pandémico, y aún con el pasado reciente de desaceleración económica en la mayoría de los países de la región, la generación Z es muchísimo más entusiasta, optimista y esperanzada sobre el futuro que las generaciones que la preceden. El informe lo explica impecablemente: el hecho de que los latinoamericanos más jóvenes, que están comenzando o en el corazón de su vida profesional, tengan tanta esperanza tiene el potencial de cambiar la forma del futuro de la región.

El desafío, en este caso, está en que las posiciones de poder en las organizaciones puedan abrirse al talento de las nuevas generaciones. La tradición latinoamericana en lo que respecta al rol directivo es paternalista y controladora; en ese sentido, pasar de una figura de "jefe"​ a un papel de "coach"​ o “coordinador” es un cambio de cultura que suele necesitar un liderazgo fuerte y convencido.

Las condiciones están dadas para que Latinoamérica pueda levantarse y despegar con una fuerza inédita. Las oportunidades de la reactivación económica poscrisis, los caminos de la digitalización y la llegada de las nuevas generaciones nativas digitales al mundo profesional son pilares fundamentales para este resurgimiento. Si los gobiernos, los inversores y los fondos acompañan –y fomentan y apoyan y promueven–, todo indica que la región está comenzando, al fin, un interesante camino hacia la prosperidad.

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